Amor Profanus

 Amor Profanus (Amor Profanus) es un poema decadentista del escritor inglés Ernest Dowson (1867-1900), publicado en la antología de 1896: Versos (Verses).

Amor Profanus versifica sobre el reencuentro de dos amantes, un reencuentro secreto, furtivo, pero en absoluto casual. Ambos soñaban con regresar ese espacio de intimidad, de traición, de complicidad. La faceta decadentista de Ernest Dowson invade esa experiencia, haciéndola oscilar entre la satisfacción y el desencanto, entre la pasión del volver a verse con la certeza de que todo, el tiempo y ellos mismos, han cambiado para siempre.

El título de este gran poema de amor de Ernest Dowson, Amor Profanus, pertenece al latín, y significa literalmente: «amor profano». La elección de la palabra «profano» no es caprichosa, y merece una breve descripción que podría echar luz sobre la naturaleza de este reencuentro clandestino.

Profano proviene del latín profanus, cuya etimología está compuesta de pro, «delante», y fanum, «templo». De modo que lo profano era lo que estaba fuera del templo, del espacio sagrado; es decir, todo aquello que no estaba consagrado.

Si trasladamos este concepto al reencuentro de dos viejos amantes en el poema de Ernest Dowson, lo profano pierde su carácter indecente, incluso blasfemo, y obtiene en cambio el encanto fronterizo del deseo y la pasión que trascienden las fronteras de lo socialmente sagrado, es decir, el matrimonio.


Amor Profanus

Amor Profanus, Ernest Dowson (1867-1900)

Más allá de la pálida memoria,
en algún misterioso bosque oscuro
existe un lugar hecho de sombras,
donde las palomas nunca anidan,
un lugar olvidado por el sol:
He soñado que allí nos reuníamos
para maravillarnos de nuestro viejo amor.

Reunidos allí, por casualidad, largos años habían pasado
vagando por la espesura sombría;
y aquel antiguo lenguaje del corazón
intentamos en vano evocar: ¡Oh, que melodía furtiva!
Sobre nuestros pálidos labios han corrido
las aguas del olvido
que coronan el amor de todos los mortales.

En vano balbuceamos, desde lejos,
nuestro viejo deseo brilló frío y muerto:
esa vez fue lejano como una estrella,
cuando los ojos alumbraban y los labios eran carmesí.
Sin embargo fuimos con los ojos abatidos,
sin encontrar placer en la cercanía,
como dos pobres sombras desconsoladas.

¡Oh, Amor! Mientras la vida sea nuestra,
no acumules los pétalos rosas y blancos,
arranca la hermosura que huye de las flores
para que adornen nuestro pequeño sendero de luz:
pues pronto habremos de ahogarnos
en la amarga hierba de los muertos;
separados, tristes espectros de la noche.

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