El amor engañoso

El amor engañoso (L'Amour du mensonge) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la antología de 1867: Las flores del mal (Les Fleurs du Mal).

En El amor engañoso, uno de los mejores poemas de Charles Baudelaire, el autor parece impulsar la idea de que el amor se torna vulgar cuando intentamos racionalizarlo a través del lenguaje.

La única forma de acercarnos a una descripción medianamente justa del amor es a través de la poesía. La razón para esta elección es sencilla: el lenguaje humano es una herramienta para comprimir largos procesos mentales y reducirlos a un concepto asimilable por todos, pero el amor, a pesar de nuestros esfuerzos, se resiste a aceptar cualquier reducción conceptual.

La palabra es un espejo, sigiloso como el andar de los gatos; y aunque su estructura formal sea elaborada no deja de ser un eco, un reflejo que transmite una idea pero vagamente sus particularidades. La poesía, en cambio, trabaja de forma diferente; es, en todo caso, un metalenguaje cuya función es decir lo indecible, definir lo indefinible a través de signos que deben tener múltiples interpretaciones.

La lengua es concreta; incluso sus metáforas lo son. Cuando hablamos buscamos que nuestro interlocutor nos entienda. La poesía, en cambio, persigue otras urgencias que nada tienen que ver con unificar el mensaje hacia un decifrado objetivo. Un poema que sólo tiene una interpretación posible es siempre un mal poema.

La poesía no intenta ni debe ser clara, aunque su lenguaje lo sea. Escarba astutamente en la imaginación del lector y de allí extrae sus formas, tonos y texturas confidenciales. Un buen poeta jamás abundará en lo circunstancial; sabe que el lector, dentro de esa selectiva e inabarcable biblioteca que llamamos memoria, completará con sus propias imágenes y recuerdos la esencia de lo que se insinúa en los versos.

Algo de esto, o mucho, en realidad, se percibe en este notable poema de amor de Charles Baudelaire.


El amor engañoso

L'Amour du mensonge, Charles Baudelaire (1821-1867)

Cuando te veo cruzar, oh mi amada indolente,
Paseando el hastío de tu mirar profundo,
Suspendiendo tu paso tan armonioso y lento
Mientras suena la música que se pierde en los tejados.

Cuando veo, en el reflejo de la luz que la acaricia,
tu frente coronada de un mórbido atractivo;
donde las luces últimas del sol traen a la aurora,
y, como los de un cuadro, tus fascinantes ojos.

Me digo: ¡qué bella es! ¡qué lozanía extraña!
El ornado recuerdo, pesada y regia torre,
la corona, y su corazón, prensado como fruta,
y su cuerpo, están prestos para el más sabio amor.

¿Serás fruto que en otoño da maduros sabores?
¿Vaso fúnebre que aguarda ser colmado por las lágrimas?
¿Perfume que hace soñar en aromas desconocidos,
Almohadón acariciante o canasto de flores?

Sé que hay ojos arrasados por la cruel melancolía
Que no guardan escondido ningún precioso secreto,
Bellos arcones sin joyas, medallones sin reliquias;
más vacíos y más lejanos, ¡oh cielos!, que esos dos ojos tuyos.

Pero ¿no basta que seas la más sutil apariencia,
alegrando al corazón que huye de la verdad?
¿Qué más da tontería en ti, o peor aún, la indiferencia?
Te saludo adorno o máscara. Sólo adoro tu belleza.

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