Escrito al entender que debo morir

Escrito al entender que debo morir (Lines Written in the Realization That I Must Die) es un poema del escritor norteamericano Robert E. Howard (1906-1936), escrito en 1936 y publicado originalmente en la edición de agosto de 1938 de la revista Weird Tales. Luego sería reeditado por Arkham House en la antología de 1946: Rostro de calavera y otros relatos (Skull-Face and Others).

Escrito al entender que debo morir, uno de los mejores poemas de Robert E. Howard, fue concebido en medio de una profunda depresión. De hecho, el poema pone de manifiesto una decisión irreversible, y sumamente triste para los amantes del relato pulp: el suicidio de Robert E. Howard, cometido pocos meses después, cuando al autor contaba con apenas treinta años de edad.

A través de Escrito al entender que debo morir, el creador de sagas memorables como Conan, Kull, Solomon Kane, y partícipe de otras igualmente brillantes, como los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft, nos deja entrever el momento en el que decidió quitarse la vida, sumiendo a sus amigos, muchos de ellos miembros del Círculo de Lovecraft, envueltos en una nube de tristeza y, quizás, también de remordimiento.


Escrito al entender que debo morir

Lines Written in the Realization That I Must Die, Robert E. Howard (1906-1936)

La Puerta Negra se abre y el Muro Oscuro se eleva;
jadeos crepusculares en las garras de la noche.
El papel y el polvo son las gemas que el hombre premia.
Las antorchas rasgan mi vista menguante.

Tambores de gloria se pierden en los siglos,
los pies descalzos tropiezan en un sendero roto.
Deja que mi nombre desaparezca de las páginas impresas;
los sueños y las visiones empalidecen.

El ocaso se reúne y nadie puede salvarme.
De poco importa, porque no me quedaría:
déjame hablar a través de la piedra que me diste:
nunca pudo decir lo que quería.

¿Por qué debería encogerme ante el signo de irme?
Mi cerebro está envuelto en una nube oscura;
ahora, en la noche, las hermanas
tejen para mí un sudario.

Las torres tiemblan y las estrellas se tambalean debajo,
los cráneos se amontonan en la desolación del Diablo;
mis pies están envueltos en un trueno,
chorros de agonía vomita mi cerebro.

¿Qué hay del mundo que dejo para siempre?
Formas fantasmagóricas, casi desvanecidas,
me llevan hasta el río de ébano,
hacia la noche.

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