Eulalia

 Eulalia (Eulalie) es un poema de amor del escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), publicado originalmente en la edición de julio de 1845 del periódico The American Review, y reeditado algunos meses después en el Broadway Journal. Finalmente reaparecería en la antología de 1850: Las obras del difunto Edgar Allan Poe (The Works of the Late Edgar Allan Poe).

Eulalia, uno de los mejores poemas de E.A. Poe, regresa sobre uno de los tópicos favoritos del autor: la muerte de una mujer hermosa (ver: Psicología de Edgar Allan Poe).

Eulalia parece ser una representación simbólica de Virgina Clemm, esposa de E.A. Poe, quien murió prematuramente algunos meses antes que este poema fuese escrito. Otros en cambio, ven en Eulalia la identidad de diversas mujeres (ver: Los amores secretos de Edgar Allan Poe).

El curioso notar que a figura de la mujer en la poesía de Edgar Allan Poe siempre adopte la silueta de la letra L. Todos los nombres de sus damas poéticas se construyen sobre ésta letra en particular; como si su textura de algún modo evocase para E.A. Poe la esencia de la feminidad. Basta repasar algunas de ellas: Anabell Lee, Lenore, Helen, Ulalume, Ligeia, etc.

No es casual que Edgar Allan Poe haya elegido este nombre para construir la personalidad de su portadora. Eulalia proviene del griego eu-lalein, y significa «bien hablada»; o, en términos poéticos, «la que habla dulcemente».


Eulalia

Eulalie, Edgar Allan Poe (1809-1849)

Exiliado del mundo voluntario,
entre suspiros y lágrimas vivía;
era mi alma un melancólico calvario
sin ternuras ni dulce compañía.

Mas Eulalia, bella y pudorosa
llegó a ser mi agradable compañera,
y en sus rizos auríferos, certeras,
cayeron mis caricias inquietas.

En las tinieblas el fulgor de las estrellas
no se compara con su mirada radiante,
ni en el diminuto ocaso hay en ellas
algo que encante como sus ojos brillantes.

Los bucles que ella ostenta con derroche
despiertan en mi alma la poesía,
y Astarté lanza cálidas brisas
contemplando a mi Eulalia día y noche.

Suspiro a suspiro su alma entera
Eulalia me dedica con amor;
no me acucia ya esa duda artera,
ni aguardo en los abismos del dolor.

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