La destrucción

La destrucción (La destruction) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867), publicado en la antología de 1857: Las flores del mal (Les Fleurs du mal).

Resulta difícil identificar el núcleo de la destrucción a la que se refiere Charles Baudelaire, más allá de que el poeta cite al demonio como su causa original

En lo personal me inclino a pensar que La destrucción, uno de los mejores poemas de Charles Baudelaire, se refiere en realidad a las distracciones que tientan al poeta, alejándolo de su arte y llenando sus horas de entretenimientos vacíos, esPágina - Editartériles, improductivos y, por lo tanto, seductores.

Ahora bien, para entender la naturaleza de esas distracciones primero debemos entender que para Charles Baudelaire la poesía no es una simple búsqueda de la belleza; todo lo contrario, el objetivo del hecho poético consiste en retratar la mente y la imaginación del poeta, no ya como habitáculos de pureza sino más bien como heridas infestadas que supuran pus.

Esta idea de la poesía como vehículo del bien y el mal que nos habita trae consigo su carga de macabras impresiones, pensamientos depravados, e incluso experiencias ilícitas, cuya ausencia marcaría la ilegitimidad de todo hecho poético, convertido en una mera falacia, en una mentira.

Por eso La destrucción, tal vez el gran poema de amor de Charles Baudelaire, embate contra las distracciones que nos desvían de nuestro propio horror interior, y, en el caso del poeta, de su genuina metabolización a través de la poesía.


La destrucción

La destruction, Charles Baudelaire (1821-1867)

A mi lado sin pausa el Demonio se agita;
A mi lado flota como el aire intocable;
Lo bebo y siento cómo abrasa mis pulmones
ahogándome en un deseo culpable y eterno.

Adopta, a veces, pues conoce mi amor por el Arte,
la apariencia de la mujer más seductora,
y acudiendo a especiosos pretextos cobardes,
acostumbra mis labios a sus depravados hechizos.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solitarias planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento artificio en donde habita la Destrucción!

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