Y la muerte no tendrĂ¡ dominio

Y la muerte no tendrĂ¡ dominio (And Death Shall Have No Dominion) es un poema maldito del escritor galĂ©s Dylan Thomas (1914-1953), publicado en la ediciĂ³n de mayo de 1933 de la revista The New English Weekly, y luego reeditado en la antologĂ­a de 1936: 18 poemas (18 Poems). MĂ¡s adelante volverĂ­a a aparecer en la colecciĂ³n: Poemas escogidos de Dylan Thomas (Collected Poems of Dylan Thomas).

Y la muerte no tendrĂ¡ dominio —uno de los mejores poemas de Dylan Thomas junto a No entres dĂ³cil en esa buena noche (Do Not Go Gentle Into That Good Night)— fue escrito a propĂ³sito de una propuesta de Bert Trick, quien le sugiriĂ³ que ambos deberĂ­an escribir un par de poemas acerca de la inmortalidad. Los versos de Trick pasaron al olvido; los de Dylan Thomas obtuvieron la eternidad.

Si bien actualmente se lo considera como un clĂ¡sico del modernismo, lo cierto es que Y la muerte no tendrĂ¡ dominio se asemeja mucho mĂ¡s al estilo de los viejos poemas metafĂ­sicos de John Donne. Su tĂ­tulo responde a las EpĂ­stolas de San Pablo a los Romanos, y sus versos revelan la visiĂ³n personal de Dylan Thomas acerca de la muerte, la eternidad, pero de un modo que trasciende las fronteras del lenguaje y se inscribe con caracteres de fuego en una especie de filosofĂ­a del cosmos, donde incluso la muerte, tras el paso de inconcebibles eones, ya no tendrĂ¡ dominio sobre la vida.


Y la muerte no tendrĂ¡ dominio

And Death Shall Have No Dominion; Dylan Thomas (1914-1953)

Y la muerte no tendrĂ¡ dominio.
Los muertos desnudos serĂ¡n uno
con el hombre en el viento y la luna occidental;
Cuando sus huesos estén limpios
Y limpios sus huesos se hayan ido,
TendrĂ¡n estrellas en los codos y pies;
Aunque vayan locos serĂ¡n cuerdos,
Aunque se hundan en el mar se elevarĂ¡n,
Aunque se pierdan los amantes, el amor no,
Y la muerte no tendrĂ¡ dominio.

Y la muerte no tendrĂ¡ dominio.
Bajo las vanas corrientes del océano
Ellos yacen a lo largo sin morir en vano,
Torciéndose cuando los nervios acechan,
Atados a una rueda, ellos no se quebrarĂ¡n;
La fe en sus manos nunca se romperĂ¡,
Y el unicornio correrĂ¡ entre los males;
Separando todo jamĂ¡s se desarmarĂ¡n;
Y la muerte no tendrĂ¡ dominio.

Y la muerte no tendrĂ¡ dominio.
Las gaviotas ya nunca clamarĂ¡n en sus oĂ­dos,
Ni las olas romperĂ¡n sonoras sobre la costa;
Cuando brote un capullo la flor no alzarĂ¡
La cabeza a los golpes de la tormenta;
Aunque sean dementes y muertos como clavos,
LĂ­deres de los martillados entre margaritas;
Descansando al sol hasta que el sol descanse,
Y la muerte no tendrĂ¡ dominio.

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