Tu Alma,
reflejada en el viento,
se desvanece,
como la noche sombrÃa,
se acerca,
tus besos lejanos,
los codician la agonÃa,
tic tac,
¿Quién erizará tus deseos?
no quise robar tus encantos,
tus labios susurran
aquella oculta osadÃa,
que ha dominado nuestra Ley,
dónde las noches eran eternas,
dónde el reloj
no fallaba,
y bajo mi miedo sereno,
regó tus FantasÃas,
serán cien años de este luto,
y priorizaré mi alegrÃa,
que al parecer no descansa,
y haré que cada dÃa,
se mezclen derechos y Arco Iris,
y serás sólo sombra,
esas que se quedan atrás,
y el tiempo se las lleva,
lentamente,
a pesar de tu orgullo,
a pesar de la inmensa creatividad
en que mis ojos de anhelación,
de Mercurio y Sonrisas,
serán las escusas amplias,
para no volver a pensar en ti…
Este poema pertenece al Libro Poemas de Puño y Sangre II.


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