Por las mañanas quebradizas,
aun sin ti,
heladas sin ruidos,
sólo flotando en mí,
en dónde el silencio,
el vértigo,
son completamente inertes,
y fuego no cesa en mí,
en suponer futuras noches,
y todos los caminos
que pudiesen llegar a ti.
Ríndete,
ahora en el Caos,
en mis sueños,
en dónde la belleza,
no se quita de mis ojos,
y el triunfante ciego,
eres tú,
cuándo la nieve
no descansa en mi ventana,
y tu sonrisa,
fluye,
como el Líquido Eterno,
no logra aceptar
mi Filosofía,
cuándo golpeas en mi mente,
cuándo te recuerdo,
cuándo te fuiste…
Este poema pertenece al Libro Poemas de Puño y Sangre.


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