Y murió la poesía...

Me acerqué con miedo
y el calor y los recuerdos
sacudieron mi alma,
y se abrió la puerta,
que desde kilómetros
me llamaba.

Mi corazón herido,
de pensar y sufrir,
fue ahí cuando sentí el mar,
gemelo amado,
nos acercamos,
lentamente...

Fue como un renacer,
como si despertara,
después de tanto sufrimiento,
anhelaba solo un beso,
una mirada,
una palabra.

Mi conciencia tranquila,
decía lo de siempre,
pero la pena perduraba,
y con una voz suave,
me repetía lo mismo.

El solo hecho de verla,
encendió mi corazón,
aquel cuerpo,
rostro sutil y anhelado,
que en otros tiempos
me llevaron a la felicidad.

Caído de dolor
e impotencia,
ocultando mi pena,
y en mi alma desencanto,
camine hacia ella.

Desvanecí ante su encanto,
y la perdone por todo,
incluso por lo que aun no hacía,
y en una tregua imaginada,
volví a sentir aquello,
que mi madre dice:
"Amor Verdadero"

Nada,
esperaba una sentimental acogida,
como en viejos tiempos,
no quiero estar solo,
solo contigo,
para amarte.

Ante una sencilla pregunta,
una respuesta que no esperaba,
que me partió en mil,
que simplemente,
me destrozó,
pero mi llanto mudo comenzó,
y hoy sigue.

Jamás olvidaré
sus palabras de amor,
sus suspiros,
sus llantos,
cuando marchaba,
y cuando regresaba,
volvía a ser su hijo...

Este poema pertenece al Libro Poesías Completas.

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